Calendario litúrgico
Saturday, 18 de August de 2007
Sábado de la 19a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año I
Santo del día: Santa Elena Reina
Primera lectura
Libro de Josue 24,14-29.
Por lo tanto, teman al Señor y sírvanlo con integridad y lealtad; dejen de lado a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del Río y en Egipto, y sirvan al Señor.
Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor".
El pueblo respondió: "Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses.
Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios. El nos protegió en todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por donde pasamos.
Además, el Señor expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. Por eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios.
Entonces Josué dijo al pueblo: "Ustedes no podrán servir al Señor, porque él es un Dios santo, un Dios celoso, que no soportará ni las rebeldías ni los pecados de ustedes.
Si abandonan al Señor para servir a dioses extraños, él, a su vez, los maltratará y los aniquilará, después de haberles hecho tanto bien".
Pero el pueblo respondió a Josué: "No; nosotros serviremos al Señor".
Josué dijo al pueblo: "Son testigos contra ustedes mismos, de que han elegido al Señor para servirlo". "Somos testigos", respondieron ellos.
"Entonces dejen de lado los dioses extraños que hay en medio de ustedes, e inclinen sus corazones al Señor, el Dios de Israel".
El pueblo respondió a Josué: "Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios y escucharemos su voz".
Aquel día Josué estableció una alianza para el pueblo, y les impuso una legislación y un derecho, en Siquém.
Después puso por escrito estas palabras en el libro de la Ley de Dios. Además tomó una gran piedra y la erigió allí, al pie de la encina que está en el Santuario del Señor.
Josué dijo a todo el pueblo: "Miren esta piedra: ella será un testigo contra nosotros, porque ha escuchado todas las palabras que nos ha dirigido el Señor; y será un testigo contra ustedes, para que no renieguen de su Dios".
Finalmente, Josué despidió a todo el pueblo, y cada uno volvió a su herencia.
Después de un tiempo, Josué, hijo de Nun, el servidor del Señor, murió a la edad de ciento diez años.
Salmo responsorial
Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.11.
Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 19,13-15.
Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,
pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.
Reflexión del día
“Los discípulos alejaban a los niños. Jesús les dijo: ‘Dejadles venir a mí’”
El padre y la madre se han dicho un “sí” total delante de Dios, un “sí” que constituye la base del sacramento que los une; igualmente, para que en el seno de la familia la relación sea total, es necesario que también digan un “sí” de aceptación de sus hijos, tanto a los que han engendrado como a los que han adoptado, y que poseen su propia personalidad y su propio carácter. De esta manera los hijos crecerán en un clima de aceptación y de amor, y es de desear que, cuando lleguen a una madurez suficiente, puedan también ellos dar un “sí” a los que les han dado la vida…
Cristo ha revelado eso que es y será siempre la fuente suprema de la vida para todos y también, pues, para la familia: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,12-13). Es el amor de Dios mismo el que ha sido derramado sobre nosotros en el bautismo. A partir de ahí, las familias son llamadas a vivir un amor de calidad, puesto que es el mismo Señor quien garantiza que esto es posible para nosotros a través del amor humano, sensible, afectuoso y misericordioso como el amor de Cristo.
Además de la transmisión de la fe y del amor del Señor, una de las tareas más importantes de la familia consiste en formar personas libres y responsables. Es por ello que los padres deben hacer que sus hijos lleguen a alcanzar la libertad, de la cual, durante un tiempo, son ellos los tutotes. Si los hijos ven que sus padres – y en general los adultos que los rodean- viven con gozo y entusiasmo, incluso en los momentos de dificultad, más fácilmente crecerá en ellos el gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con éxito los posibles obstáculos y dificultades que acarrea toda vida humana. Además, cuando la familia no se encierra en ella misma, los hijos aprenden que cada persona es digna de ser amada, y que existe una fundamental fraternidad universal entre todos los seres humanos.
— Benedicto XVI Discurso en el 5º Encuentro mundial de las familias, Valencia, España, 8/7/06
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Fuente: Evangelizo.org
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