Calendario litúrgico
sábado, 7 de julio de 2007
Sábado de la 13a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año I
Santo del día: San Pedro To Rot
Primera lectura
Libro de Génesis 27,1-5.15-29.
Cuando Isaac envejeció, sus ojos se debilitaron tanto que ya no veía nada. Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: "¡Hijo mío!". "Aquí estoy", respondió él.
"Como ves, continuó diciendo Isaac, yo estoy viejo y puedo morir en cualquier momento.
Por eso, toma tus armas - tu aljaba y tu arco - ve al campo, y cázame algún animal silvestre.
Después prepárame una buena comida, de esas que a mí me gustan, y tráemela para que la coma. Así podré darte mi bendición antes de morir".
Rebeca había estado escuchando cuando Isaac hablaba con su hijo Esaú. Y apenas este se fue al campo a cazar un animal para su padre,
Después Rebeca tomó una ropa de su hijo mayor Esaú, la mejor que había en la casa, y se la puso a Jacob, su hijo menor;
y con el cuero de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello.
Luego le entregó la comida y el pan que había preparado.
Jacob se presentó ante su padre y le dijo: "¡Padre!". Este respondió: "Sí, ¿quién eres, hijo mío?".
"Soy Esaú, tu hijo primogénito, respondió Jacob a su padre, y ya hice lo que me mandaste. Por favor, siéntate y come lo que cacé, para que puedas bendecirme".
Entonces Isaac le dijo: "¡Qué rápido lo has logrado, hijo mío!". Jacob respondió: "El Señor, tu Dios, hizo que las cosas me salieran bien".
Pero Isaac añadió: "Acércate, hijo mío, y deja que te toque, para ver si eres realmente mi hijo Esaú o no".
El se acercó a su padre; este lo palpó y dijo: "La voz es de Jacob, pero las manos son de Esaú".
Y no lo reconoció, porque sus manos estaban cubiertas de vello, como las de su hermano Esaú. Sin embargo, cuando ya se disponía a bendecirlo,
le preguntó otra vez: "¿Tú eres mi hijo Esaú?". "Por supuesto", respondió él.
"Entonces sírveme, continuó diciendo Isaac, y déjame comer lo que has cazado, para que pueda darte mi bendición". Jacob le acercó la comida, y su padre la comió; también le sirvió vino, y lo bebió.
Luego su padre Isaac le dijo: "Acércate, hijo mío, y dame un beso".
Cuando él se acercó para besarlo, Isaac percibió la fragancia de su ropa. Entonces lo bendijo diciendo: "Sí, la fragancia de mi hijo es como el aroma de un campo que el Señor ha bendecido.
Que el Señor te dé el rocío del cielo, y la fertilidad de la tierra, trigo y vino en abundancia.
Que los pueblos te sirvan y las naciones te rindan homenaje. Tú serás el señor de tus hermanos, y los hijos de tu madre se inclinarán ante ti. Maldito sea el que te maldiga, y bendito el que te bendiga".
Salmo responsorial
Salmo 135(134),1-2.3-4.5-6.
¡Aleluya!
Alaben el nombre del Señor,
alábenlo servidores del Señor,
los que están en la Casa del Señor,
en los atrios del Templo de nuestro Dios.
Alaben al Señor, porque es bueno,
canten a su Nombre, porque es amable;
porque el Señor eligió a Jacob,
a Israel, para que fuera su posesión.
Sí, yo sé que el Señor es grande,
nuestro Dios está sobre todos los dioses.
El Señor hace todo lo que quiere
en el cielo y en la tierra,
en el mar y en los océanos.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 9,14-17.
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!".
Reflexión del día
“Entonces ayunarán”
“Vendrán días en que el Esposo les será quitado; entonces ayunarán”. Puesto que el Esposo nos ha sido quitado, ha llegado para nosotros el tiempo de la tristeza y del llanto. Este Esposo “es el más bello de los hijos de los hombres; en sus labios se ha derramado la gracia” (sal 44,3) y, sin embargo, en manos de sus verdugos ha perdido todo esplendor, toda belleza, y ha sido arrancado de la tierra de los vivos (Is 53, 2.8) Ahora bien, nuestro lamento es justo si ardemos en deseo de verle. Dichosos los que, antes de su Pasión, han podido gozar de su presencia, preguntarle lo que querían y escucharlo como era debido… En cuanto a nosotros, ahora vemos cumplido lo que dijo: “Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre y no podréis” (Lc 17,22)…
¿Quién no dirá con el rey profeta: “Las lágrimas son mi pan noche y día, mientras todo el día me repiten: ¿Dónde está tu Dios?”(Sal 41,4). Sin duda que creemos en él, sentado ya a la derecha del Padre, pero mientras seguimos en este cuerpo, viajamos lejos de él (2C 5,6), y no podemos mostrarlo a los que dudan de su existencia, e incluso a los que lo niegan diciendo: “¿Dónde está tu Dios?”…
“Dentro de poco tiempo, decía el Señor a sus discípulos, y ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver” (Jn 16,19). Ahora estamos en la hora de la cual él ha dicho: “Vosotros estaréis tristes, pero el mundo se alegrará… Pero, añade, os volveré a ver y se alegrará vuestro corazón, y nadie podrá quitaros este gozo” (v.20). La esperanza que, con ello, nos da aquel que es fiel en sus promesas, no nos deja, ya desde ahora, sin un cierto gozo –hasta que llegue el gozo sobreabundante del día en que seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es (1Jn 3,2)… “Una mujer cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque su hora ha llegado. Pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre” (Jn16,21)… Este gozo nadie nos lo podrá quitar, y nos veremos colmados de él cuando pasemos de la actual concepción de la fe a la luz eterna. Ayunemos, pues, ahora, y oremos, porque todavía estamos en el día del alumbramiento.
— San Agustín (354-430) Sermón 210
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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