Calendario litúrgico
Monday, 11 de June de 2007
Ciclo C · Año I
Santo del día: San Ignacio Choukrallak Maloyan
Primera lectura
Carta II de San Pablo a los Corintios 1,1-7.
Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, junto con todos los santos que viven en la provincia de Acaya.
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,
que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.
Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo.
Si sufrimos, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo de ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos.
Por eso, tenemos una esperanza bien fundada con respecto a ustedes, sabiendo que si comparten nuestras tribulaciones, también compartirán nuestro consuelo.
Salmo responsorial
Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.
Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!
Evangelio
Evangelio según San Mateo 5,1-12.
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."
Reflexión del día
« La ley se dio por Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Jn 1,17)
Es justo que la ley nueva se predique en una montaña, ya que la ley de Moisés fue dada en un monte. Ésta consta de diez preceptos, destinados a iluminar y reglamentar la vida presente; aquella consta de ocho bienaventuranzas, ya que conduce a sus seguidores a la vida eterna y a la patria celestial.
«Dichosos los sufridos porque ellos heredarán la tierra». Por tanto, los sufridos han de ser de carácter tranquilo y sinceros de corazón. Que su mérito no es irrelevante lo evidencia el Señor cuando añade: «Porque ellos heredarán la tierra». Se refiere a aquella tierra de la que está escrito: «Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida» (sl 26,13). Así pues, heredar esa tierra equivale a heredar la inmortalidad del cuerpo y la gloria de la resurrección eterna. Porque la mansedumbre no sabe de soberbia, ignora la jactancia, desconoce la ambición. Por eso, no sin razón exhorta en otro lugar el Señor a sus discípulos diciendo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso (Mt 11,29).
«Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados». No los que lloran la pérdida de un ser querido, sino los que lloran los propios pecados, los que con lágrimas lavan sus delitos; y sin duda los que lamentan la iniquidad de este mundo o lloran los pecados ajenos.
— San Cromacio de Aquilea (¿-407) Sermón 39; CCL 9A, 169-170
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org