Calendario litúrgico
Tuesday, 22 de May de 2007
Martes de la 7a semana de Pascua Ciclo C · Año I
Santo del día: Santa Rita de Cascia
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 20,17-27.
Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso.
Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: "Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia.
He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos.
Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado,
instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús.
Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí.
Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan.
Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme.
Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes.
Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios."
Salmo responsorial
Salmo 68(67),10-11.20-21.
Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
allí es estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre.
¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
El carga con nosotros día tras día;
él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.
Evangelio
Evangelio según San Juan 17,1-11a.
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
"Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti."
Reflexión del día
“He dado a conocer tu nombre a los hombres”
¿Qué quiere decir el nombre de Dios?... En el libro del Apocalipsis, el adversario de Dios, la Bestia, no lleva un nombre sino cantidad: 666 (Ap 13,18). La Bestia es número y transforma en números. Nosotros, los que hemos hecho la experiencia de los campos de concentración, sabemos lo que esto significa; su horror viene precisamente de eso, de que borran sus rostros… Dios, él mismo, tiene nombres y llama por un nombre. Es persona y busca a las personas. Tiene un rostro y busca nuestro rostro. Tiene un corazón y busca nuestro corazón. Para él, no somos los que ejercemos una función en la gran máquina del mundo, sino que, precisamente, somos los suyos quienes no tenemos ninguna función. El nombre es la posibilidad de ser llamado, es la comunión.
Es por ello que Cristo, el verdadero Moisés, es en quien finaliza la revelación del nombre. Él no viene a traernos, como nombre, una palabra nueva; hace mucho más: él mismo es el rostro de Dios. Él mismo es el nombre de Dios; es la posibilidad misma que tiene Dios de ser llamado “tu”, de ser llamado como persona, como corazón. Su nombre propio “Jesús” es el que lleva a término el nombre misterioso de la zarza ardiente (Ex 3,14); así ahora aparece claramente que Dios no había dicho la última palabra, que no había hecho más que interrumpir, provisionalmente, su discurso. Porque el nombre de Jesús contiene la palabra “Yahvé” en su forma hebraica y le añade otra: “Dios salva”. Yahvé, es decir “Yo soy el que soy”, ahora, comprendido a partir de Jesús, quiere decir: “Yo soy el que os salva”. Su ser es salvación.
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI El Dios de Jesucristo
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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