Calendario litúrgico
Sunday, 15 de April de 2007
2o domingo de Pascua Ciclo C · Año I
Santo del día: Santa Basilisa Anastasia · Beato Lucien Botovasoa
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,12-16.
Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón,
pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.
Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres.
Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.
Salmo responsorial
Salmo 118(117),2-4.22-24.25-27a.
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».
Segunda lectura
Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19.
Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía:
"Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea".
Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro,
y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro.
Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: "No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente.
Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo.
Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.
Evangelio
Evangelio según San Juan 20,19-31.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Reflexión del día
“¡Señor mío y Dios mío!”
Tomás, sabiendo que sus compañeros habían visto al Señor, respondió: "si no veo la marca de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré". ¿Por qué Tomás reclama signos de fe? … El poder del diablo cayó, la prisión del infierno ha sido abierta, las cadenas de los muertos han sido quebrantadas, los sepulcros de los que resucitaban han sido derribados (Mt 27,52), la piedra de la tumba del Señor ha sido movida, la mortaja ha sido rechazada, y la muerte huyó ante la gloria del Resucitado… ¿Por qué sólo tú, Tomás, exiges que las heridas te sean presentadas como prueba de fe?... Hermanos, es su ferviente amor quien pidió esto… Porque Tomás no curaba sólo la duda de su corazón, sino la de todos los hombres. Destinado a llevar esta noticia a las naciones, como mensajero concienzudo buscaba las bases sobre las que fundamentaría la proclamación de una verdad de fe tan importante… Este discípulo pues proporcionó a otros el signo que reclama a causa de su retraso.
"Jesús llegó, y se puso en medio de ellos, y les mostró sus manos y su costado". De hecho, como había entrado con todas las puertas cerradas y los discípulos lo consideraban como un espíritu, no podía probar a los que dudaban que era Él sino por los sufrimientos de su cuerpo y les marcas con sus heridas. Viene y le dice a Tomás: " mete tu dedo y mira mis manos, y pon tu mano en mi costado, para que estas heridas abiertas de nuevo por ti difundan la fe por toda toda la tierra, “como ya pagaron con el agua para la purificación y la sangre para el rescate de los hombres" (Jn 19,34).
"Tomás respondió: ¡Señor mío y Dios mío!" Qué vengan los herejes, que entiendan, y como dijo el Señor, que no sean incrédulos, sino creyentes. Porque, Tomás lo proclama, no sólo através de un cuerpo de hombre, sino con los sufrimientos sufridos por este cuerpo que manifiestan que Cristo es Dios y Señor. Y verdaderamente es Dios, el que vive después de la muerte, resucita de sus heridas y que después de haber sufrido tales suplicios, vive y reina, Dios por los siglos de los siglos. Amen.
— San Pedro Crisólogo (c. 406-450) Sermón 84
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Fuente: Evangelizo.org
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