Calendario litúrgico
miércoles, 10 de enero de 2007
Miércoles de la 1a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año I
Santo del día: Beato Gregorio X · Santa Francisca de Sales
Primera lectura
Carta a los Hebreos 2,14-18.
Hermanos:
Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio,
y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.
Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham.
En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo.
Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.
Salmo responsorial
Salmo 105(104),1-9.
¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!
Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 1,29-39.
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato.
El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados,
y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros,
y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando".
El les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido".
Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.
Reflexión del día
“Jesús se levantó antes del amanecer, salió y se fue a un lugar desierto. Allí, oraba”
Jesús mismo, Dios y Señor, que debido a su propia fuerza no tenía necesidad de apoyo alguno durante el retiro para orar, ni se veía impedido por la sociedad de los hombres, se preocupó de dejarnos un ejemplo. Antes de comenzar su ministerio de la predicación y de los milagros, se fue a la soledad y se sometió a la prueba de la tentación y el ayuno (Mt 4,1s). La Escritura nos relata que dejando a la multitud de los discípulos, subió solo a la montaña para orar (Mc 6,46). Después, cuando era ya inminente la hora de su pasión, abandona a sus discípulos y se va solo a orar (Mt 26,36): un ejemplo que nos hace ver cuán ventajoso es el silencio para la oración, puesto que él mismo no quiere orar estando junto a los compañeros, incluidos los apóstoles.
No debemos dejar pasar en silencio un misterio tan grande y que nos concierne a todos. Él, el Señor, el Salvador del género humano, en su misma persona nos ofrece un vivo ejemplo. Solo, en el desierto se entrega a la oración y a los ejercicios de la vida interior –el ayuno, las vigilias y los demás frutos de la penitencia- superando, por las armas del Espíritu, las tentaciones del Adversario.
Oh Jesús, acepto que, al exterior, no encuentre a nadie conmigo; pero que esta situación sea para que, en el interior, esté cada vez más contigo. ¡Desgraciado el hombre solo, si tú no estás solo con él! Y cuántos son los hombres que permanecen en medio de una muchedumbre, porque no están contigo. Quisiera estar siempre contigo, y así no estar jamás solo. Porque en este preciso momento no hay nadie conmigo y, sin embargo, no estoy solo: conmigo hay una muchedumbre.
— Guigo el Cartujo (¿-1188)
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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