Calendario litúrgico
Saturday, 2 de September de 2006
Sábado de la 21a semana del Tiempo Ordinario Ciclo B · Año II
Santo del día: Beato Pedro Jacobo María Vitalis · Beato Guillaume-Antoine Delfaud S.J.
Primera lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 1,26-31.
Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.
Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes;
lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale.
Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.
Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención,
a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.
Salmo responsorial
Salmo 33(32),12-13.18-19.20-21.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 25,14-30.
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,
el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,
pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'.
'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'.
'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.
Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.
Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,
tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,
porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.
Reflexión del día
«Les confió sus bienes»
El Señor no nos reprocha el gozar de los bienes terrestres, y él mismo dice que, teniendo en cuenta nuestra situación de aquí abajo, tenemos necesidad de ellos para que nuestra existencia pueda gozar de tranquilidad y hacer más fácil y cómodo el camino hacia nuestra patria celestial... La Santa Iglesia pide que eso nos sea concedido. A pesar de que las penas los males y las necesidades sean inseparables de nuestra vida en la tierra, jamás el Señor ha querido que las preocupaciones y las miserias constituyan toda la trama de la misma. Por eso, por boca del apóstol Pablo nos recomienda llevar unos las cargas de los otros (Gal 6,2) a fin de obedecer a Cristo quien, personalmente, nos ha dado el precepto de amarnos los unos a los otros... ¿No ha descendido del cielo el Señor «no para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por todos (Mc 10,45)?» Comportaos así, amigos de Dios, y conscientes de la gracia de la cual habéis sido visiblemente objeto, comunicadla a todo hombre deseando su salvación.
«La mies es abundante, dice el Señor, pero los segadores son pocos» (Mt 9,37). Habiendo recibido los dones de la gracia, estamos llamados a trabajar recogiendo las espigas de salvación de nuestros prójimos para poderlas poner en numerosos graneros en el Reino de Dios a fin de que den mucho fruto, unos treinta, otros sesenta, y los otros cien (Mc 4,8).
Estemos atentos para no ser condenados junto con el servidor perezoso que ha enterrado el talento que el dueño le había confiado, sino que procuremos imitar a los servidores fieles que han devuelto al dueño, el uno, en lugar de dos talentos, cuatro, el otro, en lugar de cinco talentos, diez. No podemos dudar de la misericordia divina; vosotros mismos podéis ver cómo las palabras divinas dichas por un profeta: «No soy un Dios lejano» (Jr 23,23) se han realizado para nosotros.
— San Serafín de Sarov (1759-1833) Conversación con Motovilov
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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