Calendario litúrgico
Sunday, 20 de August de 2006
20o domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B · Año II
Santo del día: San Bernardo de Claraval
Primera lectura
Libro de los Proverbios 9,1-6.
La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas,
inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa.
Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad:
"El que sea incauto, que venga aquí". Y al falto de entendimiento, le dice:
"Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé.
Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia".
Salmo responsorial
Salmo 34(33),2-3.10-11.12-13.14-15.
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Teman al Señor, todos sus santos,
porque nada faltará a los que lo temen.
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada.
Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
¿Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices?
Guarda tu lengua del mal,
y tus labios de palabras mentirosas.
Apártate del mal y practica el bien,
busca la paz y sigue tras ella.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Efesios 5,15-20.
Cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas
que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos.
No sean irresponsables, sino traten de saber cuál es la voluntad del Señor.
No abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu Santo.
Cuando se reúnan, reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando al Señor de todo corazón.
Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Evangelio
Evangelio según San Juan 6,51-58.
Jesús dijo a los judíos:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
Reflexión del día
«Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida»
«Esto es mi Cuerpo que se entrega en sacrificio por vosotros. Este cáliz es la Nueva Alianza en mi Sangre»... ¿Qué es lo que está pasando? ¿Cómo puede Jesús dar su Cuerpo y su Sangre? Haciendo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre, anticipa su muerte, la acepta en lo más profundo de sí mismo y la transforma en un acto de amor. Eso que en lo exterior es una violencia brutal –la crucifixión- pasa a ser desde lo interior el acto de un amor que se da totalmente. Esta es la verdadera transformación que se realiza en el Cenáculo y destinada a poner por obra un proceso de transformación, del cual el último eslabón es la transformación del mundo hasta que Dios sea todo en todos (1Co 15,28).
Todos los hombres, desde siempre y de una u otra manera, en su corazón esperan un cambio, una transformación del mundo. Es ahora que se realiza el acto central de transformación, el único que puede verdaderamente realizar la renovación del mundo: la violencia se transforma en amor y, de esta manera, la muerte en vida. Puesto que este acto cambia la muerte en amor, la muerte, como tal, queda ya superada en lo más profundo de ella misma, la resurrección es ya presente en ella. La muerte es, por así decir, herida en su mismo corazón, de tal manera que ya no puede tener la última palabra...
Esta primera transformación fundamental de la muerte en amor, de la muerte en vida, arrastra tras de sí a las demás transformaciones. El pan y el vino llegan a ser su Cuerpo y su Sangre. Sin embargo, la transformación no debe pararse ahí, sino que más bien es en este punto donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos dan para que también nosotros mismos, a su debido tiempo, seamos transformados. Nosotros mismos hemos de llegar a ser Cuerpo de Cristo, consanguíneos con él. Todos comemos el único pan, y esto significa que también nosotros llegamos a ser uno. Como hemos dicho, así la adoración llega a ser unión. Dios no sólo está frente a nosotros como el totalmente Otro. Está dentro de nosotros, y nosotros en él. Su dinámica nos penetra y, desde nosotros quiere propagarse a los otros y extenderse por el mundo entero, para que su amor llegue a ser la medida dominante en el mundo.
— Benedicto XVI Homilía en la celebración eucarística en la 20 Jornada Mundial de la Juventud, 21/08/05
Homilías de los papas
Elige un papa para leer su palabra sobre este evangelio (Jn 6,51-58).
Aún no hay un extracto seleccionado de León XIV para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de León XIV en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Francisco para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Francisco en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Benedicto XVI para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Benedicto XVI en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Juan Pablo II para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Juan Pablo II en vatican.va →Los extractos son citas breves; el texto íntegro es © Libreria Editrice Vaticana. Enlazamos a la fuente oficial en cada caso.
Fuente: Evangelizo.org
Página permanente de este evangelio (por su día litúrgico y ciclo) →