Calendario litúrgico
Monday, 15 de May de 2006
Lunes de la 5a semana de Pascua Ciclo B · Año II
Santo del día: San Charles de Foucauld
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 14,5-18.
Al producirse en Iconio un tumulto los paganos y los judíos, dirigidos por sus jefes, intentaron maltratar y apedrear a Pablo y Bernabé.
Estos, al enterarse, huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y a sus alrededores;
y allí anunciaron la Buena Noticia.
Había en Listra un hombre que tenía las piernas paralizadas. Como era tullido de nacimiento, nunca había podido caminar,
y sentado, escuchaba hablar a Pablo. Este, mirándolo fijamente, vio que tenía la fe necesaria para ser curado,
y le dijo en voz alta: "Levántate, y permanece erguido sobre tus pies". El se levantó de un salto y comenzó a caminar.
Al ver lo que Pablo acababa de hacer, la multitud comenzó a gritar en dialecto licaonio: "Los dioses han descendido hasta nosotros en forma humana",
y daban a Bernabé el nombre de Júpiter, y a Pablo el de Mercurio porque era el que llevaba la palabra.
El sacerdote del templo de Júpiter que estaba a la entrada de la ciudad, trajo al atrio unos toros adornados de guirnaldas y, junto con la multitud, se disponía a sacrificarlos.
Cuando Pablo y Bernabé se enteraron de esto, rasgaron sus vestiduras y se precipitaron en medio de la muchedumbre, gritando:
"Amigos, ¿qué están haciendo? Nosotros somos seres humanos como ustedes, y hemos venido a anunciarles que deben abandonar esos ídolos para convertirse al Dios viviente que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.
En los tiempos pasados, él permitió que las naciones siguieran sus propios caminos.
Sin embargo, nunca dejó de dar testimonio de sí mismo, prodigando sus beneficios, enviando desde el cielo lluvias y estaciones fecundas, dando el alimento y llenando de alegría los corazones".
Pero a pesar de todo lo que dijeron, les costó mucho impedir que la multitud les ofreciera un sacrificio.
Salmo responsorial
Salmo 115(113B),1-2.3-4.15-16.
No nos glorifiques a nosotros, Señor:
glorifica solamente a tu Nombre,
por tu amor y tu fidelidad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«¿Dónde está su Dios?»
Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra
él hace todo lo que quiere.
Los ídolos, en cambio, son plata y oro,
obra de las manos de los hombres.
Sean bendecidos por el Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
y la tierra la entregó a los hombres.
Evangelio
Evangelio según San Juan 14,21-26.
Jesús dijo a sus discípulos:
«El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".
Judas -no el Iscariote- le dijo: "Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?".
Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»
Reflexión del día
«El Paráclito, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre»
A diferencia de las palabras «Padre» e «Hijo», el nombre del Espíritu Santo, la tercera persona divina, no es la expresión de un nombre específico, sino que, por el contrario, designa eso que es común a Dios. Ahora bien, es precisamente ahí que aparece lo que es «propio» de la tercera persona: ella es «eso que es común a todos», la unidad del Padre y del Hijo, la Unidad en persona. El Padre y el Hijo son uno en la medida en que van más allá de ellos mismos; son uno en esta tercera persona, en la fecundidad del don. Todas estas afirmaciones no podrán nunca ser otra cosa que aproximaciones; no podemos reconocer al Espíritu más que en sus efectos. Es por ello que la Escritura no describe jamás al Espíritu Santo en sí mismo, no habla más que de la manera que Él viene a los hombres y en qué se diferencia de los otros espíritus...
Judas Tadeo pregunta: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te muestres a nosotros y no al mundo?» Jesús parece dejar de lado la pregunta y responde: «El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.» Verdaderamente es la respuesta exacta a la pregunta del discípulo y a nuestro tema sobre el Espíritu. No se puede exponer el Espíritu de Dios como una mercancía. Sólo puede verlo quien lo lleva en sí. Ver y venir, ver y permanecer, van aquí unidos y son indisociables. El Espíritu Santo permanece en la palabra de Jesús, y no se llega a la palabra a través de discursos, sino por la constancia, por la vida.
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Der Gott Jesu Christi (El Dios de Jesucristo)
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Fuente: Evangelizo.org
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