Calendario litúrgico
Wednesday, 8 de March de 2006
Miércoles de la 1a semana de Cuaresma Ciclo B · Año II
Santo del día: San Faustino Miguez · San Juan de Dios
Primera lectura
Libro de Jonás 3,1-10.
La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos:
"Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré".
Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla.
Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida".
Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza.
Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: "Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;
vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos".
Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.
Salmo responsorial
Salmo 51(50),3-4.12-13.18-19.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Reflexión del día
“No les será dado ninguna señal más que la de Jonás.” (Mt 12,39)
“Esta generación pide una señal” (Mt 12,39). También nosotros esperamos la manifestación, la señal del éxito, tanto en la historia universal como en nuestra vida personal. Por esto nos preguntamos si el cristianismo ha transformado el mundo, si ha producido el signo del pan y de la seguridad, de los que habla el demonio en el desierto (cf Mt 4,3ss). Según la reflexión de Karl Marx, el cristianismo ha tenido bastante tiempo como para ofrecer la prueba de sus principios, para demostrar su éxito, para manifestar que puede crear el paraíso terrenal. Para Marx, después de todo este tiempo, a la vista está que hay que buscar otros principios para transformar el mundo.
Esta argumentación no deja de impresionar a buen número de cristianos y mucho piensan que es, por lo menos, necesario inventar un cristianismo diferente, un cristianismo que renuncia al lujo de la interioridad, de la vida espiritual. Pero por este camino, precisamente, impediría la auténtica transformación del mundo que empieza en un corazón renovado, un corazón vigilante, un corazón abierto a la verdad y al amor, un corazón libre y liberado.
En la raíz de esta petición equivocada de un signo está el egoísmo, la impureza de corazón que no espera otra cosa de Dios que el éxito personal y una ayuda para afirmar su propio ego como absoluto. Esta forma de religiosidad rehúsa fundamentalmente la conversión. Con todo ¡cuántas veces nosotros mismos dependemos de los signos del éxito! ¡Cuántas veces pedimos un signo y rechazamos la conversión!
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Retiro predicado en el Vaticano 1983
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Fuente: Evangelizo.org
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