Calendario litúrgico
Tuesday, 21 de February de 2006
Martes de la 7a semana del Tiempo Ordinario Ciclo B · Año II
Santo del día: Beato Noel Pinot · San Pedro Damiáni
Primera lectura
Epístola de Santiago 4,1-10.
Hermanos:
¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros?
Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden.
O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.
¡Corazones adúlteros! ¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios.
No piensen que la Escritura afirma en vano: El alma que Dios puso en nosotros está llena de deseos envidiosos.
Pero él nos da una gracia más grande todavía, según la palabra de la Escritura que dice: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.
Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes.
Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido.
Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza.
Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.
Salmo responsorial
Salmo 55(54),7-8.9-10a.10b-11a.23.
¡Quién me diera alas de paloma
para volar y descansar!
Entonces huiría muy lejos,
habitaría en el desierto.
Me apuraría a encontrar un refugio
contra el viento arrasador y la borrasca.
Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,
porque no veo más que violencia
rondando día y noche por sus muros.
Confía tu suerte al Señor,
y él te sostendrá:
nunca permitirá que el justo perezca.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 9,30-37.
Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará".
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?".
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".
Reflexión del día
“¿De qué discutíais por el camino?” (Mc 9,33)
¡Oh humildad de Jesucristo! Tú proporcionas al alma un gozo inefable. Tengo sed de ti porque en ti el alma olvida la tierra y tiende más ardientemente hacia Dios. Si el mundo conociera el poder de las palabras de Cristo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), dejaría de lado toda otra ciencia para adquirir este conocimiento celestial.
Los hombres desconocen el poder de la humildad de Cristo, desean las cosas de la tierra. Pero el hombre no puede llegar a comprender las palabras del Señor sin el Espíritu Santo. Quien las penetra no las abandona jamás, ni a cambio de todos los tesoros de la tierra... El que ha saboreado este amor de Dios infinitamente suave ya no puede soñar con poseer las cosas del mundo; se siente atraído sin cesar por este amor.
Con todo, nos lo perdemos por culpa de nuestro orgullo y nuestra vanidad, por nuestras enemistades y juicios hacia nuestros hermanos. Abandonamos este amor por nuestros pensamientos ávidos de poder y por nuestra inclinación hacia las cosas de la tierra. Entonces, la gracia nos abandona y el alma es turbada, deprimida, desea a Dios y lo invoca, como Adán una vez expulsado del paraíso. Mi alma languidece y te busca entre lágrimas.¡Mira mi aflicción, ilumina mis tinieblas para que mi alma se alegre! Señor ¡dame tu humildad para que tu amor esté en mí y me vivifique el santo temor!
— Siluan (1886-1938) Escritos espirituales
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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