Calendario litúrgico
Wednesday, 15 de February de 2006
Miércoles de la 6a semana del Teimpo Ordinario Ciclo B · Año II
Santo del día: San Claudio de La Colombière
Primera lectura
Epístola de Santiago 1,19-27.
Tengan bien presente, hermanos muy queridos, que debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos.
La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios.
Dejen de lado, entonces, toda impureza y todo resto de maldad, y reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos.
Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos.
El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo,
pero en seguida se va y se olvida de cómo es.
En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla.
Si alguien cree que es un hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía.
La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo.
Salmo responsorial
Salmo 15(14),2-3ab.3cd-4ab.5.
El que procede rectamente
y practica la justicia;
el que dice la verdad de corazón
y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo
ni agravia a su vecino,
.
el que no estima a quien Dios reprueba
y honra a los que temen al Señor.
el que no presta su dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que procede así, nunca vacilará.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 8,22-26.
Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara.
El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?".
El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: "Veo hombres, como si fueran árboles que caminan".
Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en el pueblo".
Reflexión del día
“Verán a Dios.” (cf Mt 5,8)
La impresión que causa contemplar la inmensidad del mar es la que experimento cuando, desde las alturas de las palabras del Señor, como desde la cima de una montaña, contemplo su abismo infinito. (...) Mi alma experimenta vértigo ante esta palabra del Señor: “Dichosos los limpios de corazón porque verán a Dios.” (Mt 5,8) Dios se ofrece a la mirada de los que tienen el corazón puro. Ahora bien, “nadie ha visto nunca a Dios.” (Jn 1,18) dice San Juan. Y San Pablo confirma esta idea hablando de aquel que “nadie entre los hombres no lo ha visto ni lo verá jamás.” (1Tim 6,16) Dios es la roca abrupta y tallada que no da lugar a que podamos imaginarlo. Moisés lo llama el “inaccesible”...; “Nadie puede ver al Señor y seguir con vida.” (Ex 33,20) Pero qué es esto? La vida eterna es la visión de Dios y los pilares de la fe nos aseguran que esto es imposible? ¡Qué abismo! (...) Si Dios es la vida, aquel que no le ve tampoco ve la vida. (...)
Ahora bien, el Señor estimula esta esperanza. ¿No dio la prueba de ello a Pedro? Debajo de los pies del apóstol, a punto de ahogarse, el Señor pone firmeza y afianza sus pies. (cf Mt 4,30) ¿La mano del Verbo se extenderá también sobre nosotros que estamos sumergidos en estos abismos, nos sostendrá? Entonces nos veremos afianzados porque firmemente dirigidos por la mano del Verbo.
“Dichosos los limpios de corazón porque verán a Dios.” Esta promesa sobrepasa nuestras alegrías más grandes. Después de esta felicidad ¿qué podremos desear todavía? (...) El que ve a Dios posee en esta visión todos los bienes imaginables: una vida sin fin, una incorruptibilidad perpetua, un gozo inacabable, un poder invencible, delicias eternas, una luz verdadera, las dulces palabras del Espíritu, una gloria incomparable, una alegría ininterrumpida, todos los bienes juntos. ¡Qué bienes tan grandes y hermosos nos ofrece esta bienaventuranza!
— San Gregorio de Nisa (c. 335-395) Homilías sobre las Bienaventuranzas, 6,1
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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