Calendario litúrgico
Saturday, 24 de December de 2005
La Natividad del Señor (Misa de medianoche) Ciclo B · Año II
Santo del día: Santos Antepasados de Jesús
Primera lectura
Libro de Isaías 9,1-6.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia. como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz".
Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.
Salmo responsorial
Salmo 96(95),1-2a.2b-3.11-12.13.
Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.
Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a Tito 2,11-14.
La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.
Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad,
mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 2,1-14.
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,
pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".
Reflexión del día
“Recostado en un pesebre...” (Lc 2,7)
Mañana será un día de gran recogimiento y fervor. Jesús está cerca, está a punto de salir del seno materno. Ha dejado oír ya su voz llena de amor: “He aquí que vengo” (Ap 16,15). Yo me tengo que preparar para su venida con una atención especial, ya que espero de ella unos beneficios inmensos. Tengo grandes cosas para comunicarle y él tiene grandes e innumerables dones para entregarme. Mañana, mi espíritu y mi corazón tienen que estar serenos durante toda la jornada, delante del sagrario, transformado en estos días en establo de Belén. “¡Ven, Señor, Jesús, no tarde!” ...
La noche está avanzada, las estrellas centellean en el cielo frío. Desde la ciudad, voces estridentes y gritos llegan hasta mis oídos. Son los que disfrutan de este mundo y celebran con excesos la pobreza del Señor. Y yo, en vela, pensando en el misterio de Belén. "¡Ven, Señor, Jesús, no tardes!"...
María y José, rechazados por los hombres, sintiendo acercarse el momento del parto, salen al campo en busca de un refugio. Yo no soy más que un pobre pastor, no tengo más que un pobre establo, un pequeño pesebre y un poco de paja. Os ofrezco todo, tened la bondad de aceptar esta pobre cabaña. Apresúrate, Jesús, mi corazón es para ti. Mi alma es pobre y vacía de virtudes, la paja de mis numerosas imperfecciones te pinchará... Pero ¡qué quieres, Señor! Es todo lo que tengo. Tu pobreza me emociona, me enternece, me hace llorar. Con todo, no tengo nada mejor para ofrecerte. Jesús, adorna mi alma con tu presencia, con tus gracias, quema la paja y cámbiala en un suave lecho bajo tu santísimo cuerpo...
Jesús, te espero...Ellos te dejan morir de frío; ven a mi corazón. No soy más que un pobretón, te calentaré lo mejor que sepa; por lo menos, quiero que te alegres del deseo que tengo de amarte.
— San Juan XXIII (1881-1963) Diario del alma
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Fuente: Evangelizo.org
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