Calendario litúrgico
Tuesday, 1 de November de 2005
Todos los Santos Ciclo A · Año I
Santo del día: Santos no ejemplares
Primera lectura
Apocalipsis 7,2-4.9-14.
Yo, Juan, vi a otro Angel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Angeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar:
"No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios".
Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144. 000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.
Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente:
"¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!".
Y todos los Angeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios,
diciendo: "¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!
Y uno de los Ancianos me preguntó: "¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?".
Yo le respondí: "Tú lo sabes, señor". Y él me dijo: "Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero".
Salmo responsorial
Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;
él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Segunda lectura
Epístola I de San Juan 3,1-3.
Queridos hermanos:
¡Miren cómo nos amó el Padre!
Quiso que nos llamáramos hijos de Dios,
y nosotros lo somos realmente.
Si el mundo no nos reconoce,
es porque no lo ha reconocido a Él.
Queridos míos,
desde ahora somos hijos de Dios,
y lo que seremos no se ha manifestado todavía.
Sabemos que cuando se manifieste,
seremos semejantes a Él,
porque lo veremos tal cual es.
El que tiene esta esperanza en Él,
se purifica, así como Él es puro.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 5,1-12a.
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."
Reflexión del día
“Creo en la comunión de los santos”
Hay mucha gente que piensa que los santos están lejos de nosotros. Los santos están lejos de aquellos que se han alejado de ellos y cercanos de los que cumplen los mandamientos de Cristo y que viven en la gracia del Espíritu Santo. En el cielo, todo vive y se mueve gracias al Espíritu Santo. Este mismo Espíritu Santo está también en la tierra, está presente en la Iglesia, actúa en los sacramentos, nos hace sentir su soplo en la Sagrada Escritura. Vivifica las almas de los fieles. El Espíritu Santo une a todos los hombres. Por esto los santos están cerca de nosotros. Cuando los invocamos, ellos nos escuchan gracias al Espíritu Santo y nuestras almas perciben que ellos interceden por nosotros.
Los santos viven en el otro mundo. Allí, por el Espíritu Santo ven la gloria de Dios y la belleza del rostro del Señor. En este mismo Espíritu, los santos ven nuestras vidas y nuestras acciones. Conocen nuestras penas y escuchen nuestras plegarias ardientes. Mientras ellos vivían en la tierra, aprendieron del Espíritu Santo a amar a Dios. Los que guardan el amor en la tierra se llevan este amor a la otra vida, al reino de los cielos, donde al amor crece y es perfecto. Y, si ya desde aquí, el amor no puede olvidar a sus hermanos, cuanto más los santos no pueden olvidarnos y siguen orando por nosotros...
Los santos eran seres humanos como nosotros. Muchos de entre ellos fueron grandes pecadores. Pero por su arrepentimiento han llegado al reino de los cielos donde todos viven unidos, donde se encuentran con el Señor y su madre inmaculada. A esta maravillosa y santa asamblea reunida por el Espíritu Santo, se siente atraída mi alma.
— Siluan (1886-1938) Escritos
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Fuente: Evangelizo.org
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