Calendario litúrgico
Tuesday, 2 de August de 2005
Martes de la 18a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año I
Santo del día: San Pedro Fabro · San Pedro Julián Eymard
Primera lectura
Libro de los Números 12,1-13.
Miriam y Aarón se pusieron a murmurar contra Moisés a causa de la mujer cusita con la que este se había casado. Moisés, en efecto, se había casado con una mujer de Cus.
"¿Acaso el Señor ha hablado únicamente por medio de Moisés?, decían. ¿No habló también por medio de nosotros?". Y el Señor oyó todo esto.
Ahora bien, Moisés era un hombre muy humilde, más humilde que cualquier otro hombre sobre la tierra.
De pronto, el Señor dijo a Moisés, a Aarón y a Miriam: "Vayan los tres a la Carpa del Encuentro". Cuando salieron los tres,
el Señor descendió en la columna de la nube y se detuvo a la entrada de la Carpa. Luego llamó a Aarón y a Miriam. Los dos se adelantaron,
y el Señor les dijo: "Escuchen bien mis palabras: Cuando aparece entre ustedes un profeta, yo me revelo a él en una visión, le hablo en un sueño.
No sucede así con mi servidor Moisés: él es el hombre de confianza en toda mi casa.
Yo hablo con él cara a cara, claramente, no con enigmas, y el contempla la figura del Señor. ¿Por qué entonces ustedes se han atrevido a hablar contra mi servidor Moisés?".
Y lleno de indignación contra ellos, el Señor se alejó.
Apenas la nube se retiró de encima de la Carpa, Miriam se cubrió de lepra, quedando blanca como la nieve. Cuando Aarón se volvió hacia ella y vio que estaba leprosa,
dijo a Moisés: "Por favor, señor, no hagas pesar sobre nosotros el pecado que hemos cometido por necedad.
No permitas que ella sea como el aborto, que al salir del seno materno ya tiene consumida la mitad de su carne".
Moisés invocó al Señor, diciendo: "¡Te ruego, Dios, que la cures!".
Salmo responsorial
Salmo 51(50),3-4.5-6a.6bc-7.12-13.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 15,1-2.10-14.
Entonces, unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron:
"¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?".
Jesús llamó a la multitud y le dijo: "Escuchen y comprendan.
Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella".
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?".
El les respondió: "Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.
Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo".
Reflexión del día
«Son ciegos guías de ciegos» (Mt 15 14)
Cuando al final de los tiempos, el Verbo de Dios nació de María, revestido de nuestra carne, se manifestó al mundo y dio a conocer algo diferente de lo que la inteligencia podía descubrir por sí sola. Era evidente para todos ver su carne. En cambio, su divinidad no se daba a conocer más que a algunos. Del mismo modo, cuando la Palabra de Dios se dirige a los hombres por la Ley antigua y por los profetas, se presenta revestida y velada en las Escrituras. En su encarnación, la Palabra se viste de carne; en las Sagradas Escrituras se viste de la letra. El velo de la letra es comparable a su humanidad y el sentido espiritual de la Ley a su divinidad. En el libro del Levítico encontramos los ritos del sacrificio, las diversas víctimas, el servicio litúrgico de los sacerdotes.... ¡Dichosos los ojos que ven el Espíritu divino escondido detrás del velo...
«Si alguien se vuelva al Señor, dice el apóstol San Pablo, el velo se quita, porque donde está el Espíritu hay libertad.» (cf 2Cor 3,17) El Señor mismo, el Espíritu mismo ora en nosotros, a él le pedimos que nos quite toda oscuridad para que podamos contemplar en Jesús el admirable sen
— Orígenes (c. 185-253) Homilía 1 sobre el Levítico; PG 12, 405
Homilías de los papas
Elige un papa para leer su palabra sobre este evangelio (Mt 15,1-2.10-14).
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Fuente: Evangelizo.org
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