Calendario litúrgico
Sunday, 31 de July de 2005
18o domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año I
Santo del día: Beata María Hueber · San Ignacio de Loyola
Primera lectura
Libro de Isaías 55,1-3.
Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche.
¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta
y sus ganancias, en algo que no sacia?
Háganme caso, y comerán buena comida,
se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí,
escuchen bien y vivirán.
Yo haré con ustedes una alianza eterna,
obra de mi inquebrantable amor a David.
Salmo responsorial
Salmo 145(144),8-9.15-16.17-18.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.
Los ojos de todos esperan en ti,
y tú les das la comida a su tiempo;
abres tu mano y colmas de favores
a todos los vivientes.
El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad;
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 8,35.37-39.
Hermanos:
¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?
Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.
Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales,
ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 14,13-21.
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos".
Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos".
Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados".
"Tráiganmelos aquí", les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Reflexión del día
“Dadles vosotros de comer.” (Mt 14,16)
El cristiano que participa en la eucaristía aprende a ser un artífice de comunión, de paz, de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. Nuestro mundo destrozado que ha inaugurado el nuevo milenio con el espectro del terrorismo y la tragedia de la guerra, más que nunca llama a los cristianos a vivir la eucaristía como una gran escuela de paz, donde se forman los hombres y las mujeres que, en diferentes niveles de responsabilidad en la vida social, cultural, política se convierten en artífices de diálogo y de comunión.
Hay un punto en el que se verifica de manera más notable la autenticidad de la participación en la eucaristía celebrada cada domingo: me refiero a la energía que se desprende de esta celebración en vista a un compromiso efectivo en la edificación de una sociedad más justa y más fraterna. En la eucaristía, nuestro Dios ha manifestado el amor hasta el extremo, trastocando todos los criterios de poder que regulan a menudo las relaciones humanas, afirmando de forma radical el criterio del servicio: “El que quiera ser el primero que se haga vuestro esclavo” (cf Mc 9,35). No es casualidad que en el evangelio de Juan no encontremos el relato de la institución de la eucaristía, sino el del lavatorio de los pies” (Jn 13,1-20). Arrodillándose para lavar los pies de sus discípulos, Jesús explica sin equívocos el sentido de la eucaristía. Por su parte, Pablo recuerda con vigor que no es lícito celebrar la eucaristía sino resplandece en la celebración la caridad manifiesta compartiendo nuestros bienes con los más pobres.
Hagamos, pues, de este año de la eucaristía una ocasión para que las comunidades diocesanas y parroquiales se dediquen de modo especial, por acciones fraternas, a luchar contra las distintas formas de las numerosas pobrezas que existen en nuestro mundo. Pienso en el hambre, en las enfermedades en los países en vía de desarrollo, en las personas ancianas, los parados, los inmigrados...No hay que hacerse ilusiones: Seremos reconocidos como auténticos discípulos de Cristo por la solicitud por los que se encuentran en la indigencia (Jn 13,35; Mt 25,31). Este es el criterio que avala la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas.
— San Juan Pablo II (1920-2005) Mane Nobiscum Dominum 27-28
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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