Calendario litúrgico
Tuesday, 19 de July de 2005
Martes de la 16a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año I
Santo del día: San Símaco
Primera lectura
Libro del Exodo 14,21-41.15,1.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron,
y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.
Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos.
Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: "Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto".
El Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros".
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar.
Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó.
Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar,
y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: "Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros.
Salmo responsorial
Libro del Exodo 15,8-9.10.12.17.
Al soplo de tu ira se agolparon las aguas,
las olas se levantaron como un dique,
se hicieron compactos los abismos del mar.
El enemigo decía:
‘Los perseguiré,
los alcanzaré,
repartiré sus despojos,
saciaré mi avidez,
desenvainaré la espada,
mi mano los destruirá’.
Tú soplaste con tu aliento,
y el mar los envolvió;
se hundieron como plomo en las aguas formidables.
Extendiste tu mano y los tragó la tierra.
Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 12,46-50.
Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él.
Alguien le dijo: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte".
Jesús le respondió: "¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?".
Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: "Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Reflexión del día
“El que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mt 12,50)
Hay mucha gente que dice: “Tenemos buena voluntad.” Pero no tienen la voluntad de Dios; quieren tener su propia voluntad. Quieren darle a entender a Dios que tiene que cumplir con la voluntad de ellos, haciendo esto y lo de más allá... El designio de Dios quiere que en todo renunciemos a nuestra voluntad. San Pablo hablaba mucho con el Señor y el Señor con él, pero todo esto no le servía de nada hasta el momento en que dijo: “Señor, ¿qué quieres que haga?” (Hch 22,10) Nuestro Señor sabía muy bien lo que quería hacer de Pablo.
Lo mismo aconteció cuando el ángel se apareció a la Virgen María. Todo lo que el uno decía a la otra no habría bastado para hacer de ella la Madre de Dios, pero en el momento en que ella renunció a su voluntad, es verdaderamente la Madre del Verbo eterno. Al instante concibió a Dios que se hizo hijo suyo por naturaleza.
Nada hace de nosotros hombres auténticos como la renuncia de nuestra voluntad propia ante Dios... Si llegamos a abandonar nuestra propia voluntad, si por amor a Dios nos atrevemos a deshacernos de todo, tanto de lo de dentro como de lo de fuera de nosotros, entonces habremos realizado nuestro ser profundo. Así que te tienes que abandonar completamente a Dios, con todo lo que eres y no preocuparte ya de lo que él hará de ti... Cuanto más progresamos en este camino más nos encontramos verdaderamente unidos a Dios, en Dios.
— Maestro Eckart (c. 1260-1327) Conversaciones espirituales
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Fuente: Evangelizo.org
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