Calendario litúrgico
Saturday, 2 de April de 2005
Sábado de la semana de Pascua Ciclo A · Año I
Santo del día: San Francisco de Paula
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,13-21.
Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús,
pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos.
Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar,
diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén.
A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre".
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús.
Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios.
Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído".
Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.
Salmo responsorial
Salmo 118(117),1.14-15.16ab-18.19-21.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos.
“La mano del Señor hace proezas,
La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.
El Señor me castigó duramente,
pero no me entregó a la muerte.
«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 16,9-15.
Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios.
Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.
Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.
Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."
Reflexión del día
“Proclamad la Buena Noticia a toda criatura”
Hoy, el Padre T, un ermitaño, ha venido a mí. Sabiendo que este staretz era un asceta, pensaba que le gustaría hablar de Dios. Tuve una larga conversación con el y luego le rogué que me dijera una palabra para corregir mis errores. Él se quedó callado un instante y luego me dijo: “Percibo algo de orgullo en ti. ¿Por qué hablas tanto de Dios? Los santos escondían el amor de Dios en su alma y hablaban de sus lágrimas.”
Padre T..., “ mi alma ama al Señor ¿cómo disimularía yo el fuego que me abrasa? ¿Cómo ocultar las gracias y beneficios del Señor que colman mi alma? ¿Cómo olvidar los beneficios del Señor por los que he conocido a Dios? ¿Cómo no hablar de Dios cuando mi alma se ha hecho cautiva suya? ¿Cómo callar de Dios cuando mi espíritu, día y noche, se enciende en su amor? ¿Seré, pues, un enemigo de las lágrimas?
Por qué razón, Padre, has dicho a mi alma: ¿Por qué me hablas tanto de Dios? Mi alma le ama. ¿Cómo ocultar el amor del Señor por mí? Seguramente tengo merecido el infierno, pero él me ha perdonado y me ha otorgado su gracia que no puede quedar oculta en mi alma... ¿Tendría que decir a mi alma: esconde en ti las palabras del Señor,? Todos los cielos conocen lo que, por su misericordia, el Señor ha hecho conmigo. Me pedirán cuenta de haber ocultado las generosidades del Señor y de no haber hablado a los hombres para que todos amen a Dios y encuentren en él su descanso.
— Siluan (1886-1938) Escritos
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Fuente: Evangelizo.org
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