Calendario litúrgico
Sunday, 13 de February de 2005
1er domingo de Cuaresma Ciclo A · Año I
Santo del día: San Gregorio II · Beato Emilio Moscoso · Beato James Miller
Primera lectura
Libro de Génesis 2,7-9.3,1-7.
El Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.
El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado.
Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol del conocimiento del bien y del mal.
La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: "¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?".
La mujer le respondió: "Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín.
Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: "No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte"».
La serpiente dijo a la mujer: "No, no morirán.
Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal".
Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.
Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
Salmo responsorial
Salmo 51(50),3-4.5-6a.12-13.14.17.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 5,12-19.
Hermanos:
Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta.
Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.
Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos.
Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas.
En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.
Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida.
Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 4,1-11.
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.
Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,
diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".
Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
Reflexión del día
“Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto”.
Hay que recordar cómo el primer Adán fue echado del paraíso al desierto para que tu atención se dirija a la manera de cómo el segundo Adán vuelve del desierto al paraíso. Mira, en efecto, como la primea condena queda revocada de la misma manera que fue impuesta y cómo los beneficios divinos se restablecen sobre las huellas antiguas. Adán viene de una tierra virgen, Cristo viene de la Virgen. Aquel fue creado a imagen de Dios, éste es la imagen de Dios (Col 1,15); aquel fue colocado por encima de todos los animales sin razón, éste por encima de todos los seres vivos. Por una mujer llegó la insensatez, por una virgen la sabiduría. La muerte ha venido de un árbol, la vida por la cruz. El uno, despojado del vestido espiritual se cubrió con hoja de higuera, el otro, despojado del vestido de este mundo, ya no quiso un vestido material (Jn 19,23).
Adán fue echado al desierto, Cristo viene al desierto, porque sabía dónde encontrar al condenado para llevarlo al paraíso, libre ya de su falta... ¿Cómo podía encontrar el camino en el desierto, sin guía, aquel que en el paraíso había perdido la ruta, por falta de guía? Allí, las tentaciones son numerosas, el esfuerzo hacia la virtud difícil y fáciles los traspiés del error... ¡Sigamos, pues, a Cristo según está escrito: “Caminaréis a la luz del Señor, vuestro Dios, y le amaréis con todo vuestro corazón!” (cf Dt 13,4)... ¡Sigamos, pues, sus huellas y pasaremos del desierto al paraíso.
— San Ambrosio (c. 340-397) Comentario al evangelio de San Lucas 4,7-12; PL 15 1614
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Fuente: Evangelizo.org
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