Calendario litúrgico
Saturday, 6 de November de 2004
Sábado de la 31a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: San Leonardo Noblac
Primera lectura
Carta de San Pablo a los Filipenses 4,10-19.
Hermanos:
Yo tuve una gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes con respecto a mí; ciertamente los tenían, pero les faltaba la ocasión de demostrarlos.
No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación.
Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada.
Yo lo puedo todo en aquel que me conforta.
Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.
Y ya saben, filipenses, que al comienzo de la evangelización, cuando dejé Macedonia, ninguna otra iglesia me ayudó pecuniariamente. Ustedes fueron los únicos
que cuando estaba en Tesalónica, en dos ocasiones me enviaron medios para asistirme en mis necesidades.
No es que yo busque regalos; solamente quiero darles la ocasión de que ustedes se enriquezcan cada vez más delante de Dios.
Por el momento, tengo todo lo necesario y más todavía. Vivo en la abundancia desde que Epafrodito me entregó la ofrenda de ustedes, como perfume de aroma agradable, como sacrificio aceptable y grato a Dios.
Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.
Salmo responsorial
Salmo 112(111),1-2.5-6.8a.9.
Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
Su ánimo está seguro, y no temerá,
Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 16,9-15.
Jesús decía a sus discípulos:
"Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.
Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien?
Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero".
Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús.
El les dijo: "Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios."
Reflexión del día
Hacer negocio en vista de los bienes duraderos
¡Obtened la gracia del Espíritu Santo negociando en nombre de Cristo con todas las virtudes posibles! Haced un negocio espiritual, aspirando a las que os den el mayor beneficio. El capital, fruto de los intereses bienaventurados de la misericordia divina ¡invertidlo en la caja de ahorros eternos de Dios, al porcentaje inmaterial, no sólo al 4% o 6%, sino al 100% e incluso infinitamente más del 100%. Por ejemplo, las plegarias y las vigilias ¿os aportan gracias? Velad y orad. El ayuno ¿os granjea ventajas? Ayunad. La caridad ¿os aporta más todavía? Haced caridad. ¡Considerad así cada buena acción hecha en nombre de Cristo...!
Así como en los negocios el fin está en conseguir el mayor beneficio posible, así en la vida cristiana la meta consiste no solamente en orar y hacer el bien, sino de obtener la mayor gracia posible. Aunque el apóstol dice: “Orad sin cesar” (1Tim 5,17) añade: “...prefiero hablar cinco palabras inteligibles e instructivas, a diez mil en un lenguaje ininteligible” (1Cor 14,19). Y el Señor nos previene: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21). En otras palabras, aquel que hace la obra de Dios con empeño. (Jr 48,10) Y cuál es esta obra sino de “creer en Dios y en aquel que él ha enviado, Jesucristo” (cf Jn 6,29).
Si uno reflexiona como es debido sobre los mandamientos de Cristo y de los apóstoles, se ve que nuestra actividad cristiana no debe consistir únicamente en acumular buenas acciones—que no son sino medios para llegar a la meta—sino de sacar de ellas el mayor provecho posible, es decir, obtener los dones sobreabundantes del Espíritu Santo.
— San Serafín de Sarov (1759-1833) Conversaciones con Motovilov
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Fuente: Evangelizo.org
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