Calendario litúrgico
Tuesday, 7 de September de 2004
Martes de la 23a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: San Juan Nicomedia
Primera lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 6,1-11.
Hermanos:
¿Cómo es posible que cuando uno de ustedes tienen algún conflicto con otro, se atreve a reclamar justicia a los injustos, en lugar de someterse al juicio de los santos?
¿No saben ustedes que los santos juzgarán al mundo? Y si el mundo va ser juzgado por ustedes, ¿cómo no van a ser capaces de juzgar asuntos de mínima importancia?
¿Ignoran que vamos a juzgar a los mismos ángeles? Con mayor razón entonces, los asuntos de esta vida.
¡Y pensar que cuando ustedes tienen litigios, buscan como jueces a los que no son nadie para la Iglesia!
Lo digo para avergonzarlos: ¡por lo visto, no hay entre ustedes ni siquiera un hombre sensato, que sea capaz de servir de árbitro entre sus hermanos!
¡Un hermano pleitea con otro, y esto, delante de los que no creen!
Ya está mal que haya litigios entre ustedes: ¿acaso no es preferible sufrir la injusticia o ser despojado?
Pero no, ustedes mismos son los que cometen injusticias y defraudan a los demás, ¡y esto entre hermanos!
¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios.
Algunos de ustedes fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios.
Salmo responsorial
Salmo 149(148),1-2.3-4.5-6a.9b.
Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.
Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.
Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Reflexión del día
“Pasó la noche orando a Dios.”
La oración de Cristo en Getsemaní es el encuentro de la voluntad humana de Jesucristo con la voluntad eterna de Dios que en este preciso momento se hace voluntad del Padre respecto a su Hijo. El Hijo se hizo hombre para que tuviera lugar este encuentro de su voluntad humana con la del Padre. Se hizo hombre para que este encuentro fuera lleno de verdad acerca de la voluntad humana y acerca del corazón humano, este corazón que quiere eliminar el mal, el sufrimiento, el juicio, la flagelación, la cruz y la muerte. Se hizo hombre para que sobre el fondo de esta verdad acerca de la voluntad humana y el corazón humano aparezca toda la grandeza del amor que se expresa en el don de si y del sacrificio: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.” (Jn 3,16) Cuando Cristo ora, el amor eterno se confirma por la entrega de un corazón humano. Y se confirma: el Hijo no rehúsa a hacer de su corazón un altar, el lugar de la elevación, antes de entregarse en la cruz.
La oración es, pues, el encuentro de la voluntad humana con la de Dios. Su fruto privilegiado es la obediencia del Hijo frente al Padre: “Padre, que no se haga mi voluntad sino la tuya.” (cf Lc 22,42) Sin embargo, la obediencia no significa en primer lugar la renuncia a la propia voluntad, sino una apertura real de la mirada espiritual, del oído espiritual hacia el amor que es Dios mismo. Con este amor (cf 1Jn 4,16) amó Dios al mundo hasta entregarle su Hijo único. He aquí al hombre, he aquí a Cristo, el Hijo de Dios. Después de su oración, Jesús se levanta, confortado por esta obediencia por la que se ha unido a este amor, el amor que es el don del Padre al mundo y a la humanidad.
— Cardenal Karol Wojtyla (San Juan Pablo II) Retiro del Vaticano predicado en la Cuaresma de l976, nº 17
Homilías de los papas
Elige un papa para leer su palabra sobre este evangelio (Lc 6,12-19).
Aún no hay un extracto seleccionado de León XIV para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de León XIV en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Francisco para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Francisco en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Benedicto XVI para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Benedicto XVI en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Juan Pablo II para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Juan Pablo II en vatican.va →Los extractos son citas breves; el texto íntegro es © Libreria Editrice Vaticana. Enlazamos a la fuente oficial en cada caso.
Fuente: Evangelizo.org
Página permanente de este evangelio (por su día litúrgico y ciclo) →