Calendario litúrgico
Saturday, 24 de July de 2004
Sábado de la 16a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: Beato Juan Antonio Pérez Mayo · san Francisco Solano
Primera lectura
Libro de Jeremías 7,1-11.
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos:
«Párate a la puerta de la Casa del Señor, y proclama allí esta palabra. Tu dirás: Escuchen la palabra del Señor, todos ustedes, hombres de Judá que entran por estas puertas para postrarse delante del Señor.
Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmienden su conducta y sus acciones, y yo haré que ustedes habiten en este lugar.
No se fíen de estas palabras ilusorias: "¡Aquí está el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor!".
Pero si ustedes enmiendan realmente su conducta y sus acciones, si de veras se hacen justicia unos a otros,
si no oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda, si no derraman en este lugar sangre inocente, si no van detrás de otros dioses para desgracia de ustedes mismos,
entonces yo haré que ustedes habiten en este lugar, en el país que he dado a sus padres desde siempre y para siempre.
¡Pero ustedes se fían de palabras ilusorias, que no sirven para nada!
¡Robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso, quemar incienso a Baal, ir detrás de otros dioses que ustedes no conocían!
Y después vienen a presentarse delante de mí en esta Casa que es llamada con mi Nombre, y dicen: "¡Estamos salvados!", a fin de seguir cometiendo todas estas abominaciones.
¿Piensan acaso que es una cueva de ladrones esta Casa que es llamada con mi Nombre? Pero yo también veo claro -oráculo del Señor-.»
Salmo responsorial
Salmo 84(83),3.4.5-6a.8a.11.
Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.
Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.
¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.
Vale más un día en tus atrios
que mil en otra parte;
yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios
antes que vivir entre malvados.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 13,24-30.
Jesús propuso a la gente otra parábola:
"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.
El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.
'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".
Reflexión del día
“Dejadlos crecer juntos hasta la siega” (Mt 13,30)
Aquel que desea la salvación tiene que tener un corazón dispuesto al arrepentimiento. “Mi sacrificio es un espíritu contrito, un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias” (Sal 50,19). Si el hombre tiene un espíritu contrito, puede tranquilamente atravesar las trampas del demonio cuya ambición consiste en sembrar turbación en el corazón del hombre y sembrar la cizaña, según las palabras del evangelio: "Maestro ¿no sembraste en tu finca semilla buena? ¿Cómo resulta, entonces, que sale cizaña?" (Mt 13,27). En cambio, si la persona conserva un corazón humilde y pensamientos de paz, todos los ataques del demonio no tienen efecto.
La contrición comienza por el temor de Dios, según el mártir Bonifacio. De este temor nace la atención, madre de la paz interior y de la conciencia que permite al alma ver, como en un espejo de agua puro y liso, cuán desfigurada se ha quedado...
Una persona caída en el pecado después de haber estado en gracia ¿puede levantarse en seguida? Sí... Cuando nos arrepentimos sinceramente de nuestras faltas volviendo el corazón hacia Nuestro Señor Jesucristo, él se alegra y nos invita a la fiesta con todos los espíritus amigos, mostrando la moneda reencontrada (Lc 15,10). No dudemos, pues, en volvernos al Señor misericordioso, sin caer en la despreocupación fácil ni en la desesperanza. La desesperanza es la victoria del demonio. Es el pecado mortal del cual habla la Escritura (1Jn 5,16).
— San Serafín de Sarov (1759-1833) Instrucciones espirituales
Homilías de los papas
Elige un papa para leer su palabra sobre este evangelio (Mt 13,24-30).
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Fuente: Evangelizo.org
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