Calendario litúrgico
Sunday, 21 de March de 2004
4o domingo de Cuaresma Ciclo C · Año II
Santo del día: San Nicolás de Flüe
Primera lectura
Libro de Josue 5,9a.10-12.
Entonces el Señor dijo a Josué: "Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto". Y aquel lugar se llamó Guilgal hasta el día de hoy.
Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó.
Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país - pan sin levadura y granos tostados - ese mismo día.
El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán.
Salmo responsorial
Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.
Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
Segunda lectura
Carta II de San Pablo a los Corintios 5,17-21.
El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.
Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.
Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".
Reflexión del día
El retorno del hijo pródigo
¡Acerquémonos al Señor, la puerta espiritual y llamemos para que nos abra! Pidamos recibirle a él mismo, el pan de vida (cf Jn 6,34). Digámosle: “Dame, Señor, el pan de la vida para que viva, porque estoy en peligro, amenazado por el hambre del pecado. Dame el vestido luminoso de la salvación para que cubra la vergüenza de mi alma, porque estoy desnudo, privado del poder de tu Espíritu y avergonzado por la indecencia de mis pasiones” (cf Gn 3,10).
Y si él te dice: “Tenías un vestido ¿dónde lo tienes?” respóndele: “He caído en manos de bandoleros, me han despojado y molido a palos y dejado medio muerto, me han quitado mi vestido y se lo han llevado. Dame sandalias espirituales, porque los pies de mi espíritu están llagados por las espinas y los zarzales (cf Gn 3,18); voy errante por el desierto y no puedo avanzar. Dame la vista del corazón para que vea de nuevo; abre los ojos de mi corazón porque mis enemigos invisibles me han dejado ciego y me echan encima un velo de tinieblas; ya no puedo contemplar tu rostro celestial tan deseado. Dame el oído espiritual porque mi inteligencia está sorda y no ya no puedo escuchar tus conversaciones tan suaves y agradables. Dame el óleo de la alegría (Sal 44,8) y el vino del gozo espiritual. Sáname y devuélveme la salud porque mis enemigos, bandoleros temidos, me han dejado medio muerto.”
Dichoso aquel que suplica con perseverancia y fe, como indigente y herido, porque recibirá lo que pide; obtendrá la salud y el remedio eternos y será liberado de sus enemigos que son las pasiones del pecado.
— Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390) In Ephata III
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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