Calendario litúrgico
viernes, 30 de enero de 2004
Viernes de la 3a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: San Muciano María Viaux
Primera lectura
Segundo Libro de Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17.
Al comienzo del año, en la época en que los reyes salen de campaña, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel, y ellos arrasaron a los amonitas y sitiaron Rabá. Mientras tanto, David permanecía en Jerusalén.
Una tarde, después que se levantó de la siesta, David se puso a caminar por la azotea del palacio real, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy hermosa.
David mandó a averiguar quién era esa mujer, y le dijeron: "¡Pero si es Betsabé, hija de Eliám, la mujer de Urías, el hitita!".
Entonces David mandó unos mensajeros para que se la trajeran. La mujer vino, y David se acostó con ella, que acababa de purificarse de su menstruación. Después ella volvió a su casa.
La mujer quedó embarazada y envió a David este mensaje: "Estoy embarazada".
Entonces David mandó decir a Joab: "Envíame a Urías, el hitita". Joab se lo envió,
y cuando Urías se presentó ante el rey, David le preguntó cómo estaban Joab y la tropa y cómo iba la guerra.
Luego David dijo a Urías: "Baja a tu casa y lávate los pies". Urías salió de la casa del rey y le mandaron detrás un obsequio de la mesa real.
Pero Urías se acostó a la puerta de la casa del rey junto a todos los servidores de su señor, y no bajó a su casa.
Cuando informaron a David que Urías no había bajado a su casa, el rey le dijo: "Tú acabas de llegar de viaje. ¿Por qué no has bajado a tu casa?".
David lo invitó a comer y a beber en su presencia y lo embriagó. A la noche, Urías salió y se acostó junto a los servidores de su señor, pero no bajó a su casa.
A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por intermedio de Urías.
En esa carta, había escrito lo siguiente: "Pongan a Urías en primera línea, donde el combate sea más encarnizado, y después déjenlo solo, para que sea herido y muera".
Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los soldados más aguerridos.
Los hombres de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab. Así cayeron unos cuantos servidores de David, y también murió Urías, el hitita.
Salmo responsorial
Salmo 51(50),3-4.5-6a.6bc-7.10-11.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.
Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 4,26-34.
Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
Reflexión del día
«¿Con qué podemos compara el Reino de Dios?»
No tengáis en absoluto deseo de parecer superior ni el maestro. Yo no soy del mismo parecer de una persona que me decía, hace unos días, que para ejercer y mantener bien su autoridad era necesario que se notara que es el superior. ¡Oh, Dios mío! Nuestro Señor Jesucristo nunca habló así; nos enseña todo lo contrario tanto de palabra como con el ejemplo, diciéndonos que él mismo vino no para servir sino para servir a los demás, y que el que quiera ser el primero debe ser el servidor de todos (Mc 10, 44-45)...
Para ello, daos a Dios para hablar con el espíritu humilde de Jesucristo, confesando que vuestra doctrina no es vuestra, ni viene de vosotros, sino del Evangelio. Sobre todo imitad la simplicidad de las palabras y de las comparaciones que usa nuestro Señor en la Escritura Santa, hablando al pueblo. ¡Ay, cuántas son las maravillas que él podía enseñar al pueblo! ¡Cuántos secretos no hubiera podido descubrir de la Divinidad y de sus admirables perfecciones, él que era la Sabiduría eterna del Padre! Y sin embargo, ved cómo habla de manera inteligible, y cómo se sirve de comparaciones familiares, ya sea de un labrador, de un viñador, de un campo, de una viña, de un grano de mostaza. Es así como debéis hablar si queréis haceros entender del pueblo, que es a quien anunciáis la palabra de Dios.
Hay todavía otra cosa a la que debéis poner particular atención, y es que os fijéis totalmente y actuéis según la conducta del Hijo de Dios; quiero decir que cuando tengáis que actuar os hagáis esta reflexión: «¿Esto es conforme a las enseñanzas del Hijo de Dios?» Si veis que sí, deciros: «Sea en buena hora, hagámoslo»; si por el contrario os decís: «No haré nada con ello», dejadlo. Además, cuando se trate de hacer cualquier obra buena, decid al Hijo de Dios: «Señor, si estuvierais en mi lugar, ¿cómo obraríais en esta ocasión? ¿cómo instruiríais a este pueblo? ¿cómo le consolaríais a este enfermo de espíritu o del cuerpo?»...Busquemos la manera de obra a fin de que Jesucristo reine en nosotros
— San Vicente de Paúl (1581-1660) Conversaciones; aviso a A. Durand, 1656
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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