Calendario litúrgico
Friday, 27 de June de 2003
Sagrado Corazón de Jesús Ciclo B · Año I
Santo del día: San Cirilo de Alejandría
Primera lectura
Deuteronomio 7,6-11.
Moisés habló al pueblo diciendo: «Tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad exclusiva entre todos los pueblos de la tierra.
El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos.
Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto.
Reconoce, entonces, que el Señor, tu Dios, es el verdadero Dios, el Dios fiel, que a lo largo de mil generaciones, mantiene su alianza y su fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos;
pero que no tarda en dar su merecido a aquel que lo aborrece, a él mismo en persona, haciéndolo desaparecer.
Por eso, observa los mandamientos, los preceptos y las leyes que hoy te ordeno poner en práctica.»
Salmo responsorial
Salmo 102(101),13-21.
Tú, Señor, reinas para siempre,
y tu Nombre permanece eternamente.
Tú te levantarás, enternecido por Sión, pues ya es tiempo que de ella te apiades, ya ha llegado la hora;
tus servidores sienten amor por esas piedras
y se compadecen de esas ruinas.
Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.
Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
Segunda lectura
Epístola I de San Juan 4,7-16.
Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él.
Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.
Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.
La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.
Evangelio
Evangelio según San Juan 19,31-37.
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.
Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús.
Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,
sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos.
Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.
Reflexión del día
He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres
Contempla, hombre salvado, al que por ti está clavado a la cruz... Uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua (Jn 19,34), se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en “la fuente viva, que salta hasta la vida eterna.” (Jn 4,14)
Levántate, tú que amas a Cristo, sé como la paloma «que tiene en su nido al fondo de la obertura» (Jr. 48-28). Y allí «como el pájaro que ha encontrado su morada» (Ps 83-4). No pararás de vigilar; como la tórtola allí cobijarás a tus pequeños y adelantarás tu boca para « tomar agua en las fuentes de la salud» (Is 12-3). Es en efecto «la fuente que, brota en medio del Edén, se divide en cuatro brazos» (Jn 2-10), y derramada en el corazón de los creyentes, riega y fecunda la tierra entera... Corre pues a esta fuente de vida y de luz con un vivo deseo, quien quiera que seas, y en tu amor de Dios, grítale con toda la fuerza de tu corazón: ¡oh belleza indecible del MAS ALTO esplendor muy puro de luz eterna. Vida que vivificas toda vida, claridad que iluminas toda luz y conservas en el esplendor eterno los diversos astros que brillan ante el trono de tu divinidad desde el origen de los tiempos!
¡ Oh marea eterna e inaccesible, límpida y dulce, cuya fuente está oculta a los ojos de todos los mortales! Tu profundidad no tiene fondo, tu altura sin límites, tu anchura sin bordes, tu pureza sin ninguna mancha. Es de ti de quien fluye «el río que alegra la ciudad de Dios» (Ps 45-5)... para que te cantemos himnos de alabanzas, «en la explosión de la alegría y de la acción de gracia» (Ps 41-5), pues sabemos por experiencia que cerca de ti está la fuente de la vida y que en tu luz veremos la luz (Ps 35-10).
— San Buenaventura (1221-1274) El árbol de la vida, 29-30, 47.
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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