Calendario litúrgico
Sunday, 15 de June de 2003
Santísima Trinidad Ciclo B · Año I
Santo del día: Beato Clemente Vismara
Primera lectura
Deuteronomio 4,32-34.39-40.
Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante.
¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir?.
¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos?.
Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios - allá arriba, en el cielo y aquí abajo, en la tierra - y no hay otro.
- Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.
Salmo responsorial
Salmo 33(32),4-5.6.9.18-19.20.22.
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
La palabra del Señor hizo el cielo,
y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales;
porque él lo dijo, y el mundo existió,
él dio una orden, y todo subsiste.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 8,14-17.
Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre!
El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios.
Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".
Reflexión del día
«Bautizadles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»
Aunque la Santísima Trinidad ha logrado la salvación del género humano por un único y mismo amor de los hombres, la fe nos dice que cada una de las personas divinas aporta a ello su construcción particular. El Padre se reconcilió con nosotros, el Hijo obró la reconciliación y el Espíritu Santo fue el don concedido a quienes se habían convertido en amigos de Dios. El Padre nos ha liberado, el Hijo pagó el rescate de nuestra liberación; en cuanto al Espíritu es la libertad en persona... (cf 2Co 3,17) Si el Padre nos ha creado, el Hijo nos ha recreado y «es el Espíritu quien nos da vida» (Jn 6,63). Pues, en el inicio de la creación la Trinidad se escribía con filigrana. El Padre era el modelador, el Hijo era su mano, el Espíritu Defensor insuflaba la vida. Pero... es solo en la nueva creación donde nos han sido reveladas las distinciones que existen en Dios... .
En cuanto a la salvación por la cual ha restaurado nuestro género humano, es ciertamente, la Trinidad toda ella quien ha querido mi salvación y quien ha previsto como se alcanzaría. Pero no es solo la Trinidad quien lo ha logrado. Es el artesano, solo el Verbo, el Hijo único. Es por él, por quien la naturaleza ha recibido una nueva vida y por quien el bautismo se instituyó como un nuevo nacimiento y una nueva creación. Es por lo que, cuando se bautiza, hay que invocar a Dios distinguiendo las personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo esta creación nueva es solo a nosotros revelada.
— Nicolás Cabasilas (c. 1320-1363) La Vida de Cristo 2; PG 150, 532-533
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Fuente: Evangelizo.org
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