Calendario litúrgico
martes, 12 de septiembre de 2023
Martes de la 23a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año I
Santo del día: San Francisco Ch‘oe Kyong-hwam · Beato Pedro Cristóbal Faverge
Primera lectura
Carta de San Pablo a los Colosenses 2,6-15.
Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han recibido,
arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que les fue enseñada y dando gracias constantemente.
No se dejen esclavizar por nadie con la vacuidad de una engañosa filosofía, inspirada en tradiciones puramente humanas y en los elementos del mundo, y no en Cristo.
Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad,
y ustedes participan de esa plenitud de Cristo, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad.
En él fueron circuncidados, no por mano de hombre, sino por una circuncisión que los despoja del cuerpo carnal, la circuncisión de Cristo.
En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas nuestras faltas.
El canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz.
En cuanto a los Principados y a las Potestades, los despojó y los expuso públicamente a la burla, incorporándolos a su cortejo triunfal.
Salmo responsorial
Salmo 145(144),1-2.8-9.10-11.
Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey,
y bendeciré tu Nombre eternamente;
día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.
Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Reflexión del día
“Pasó la noche orando a Dios.”
La oración de Cristo en Getsemaní es el encuentro de la voluntad humana de Jesucristo con la voluntad eterna de Dios que en este preciso momento se hace voluntad del Padre respecto a su Hijo. El Hijo se hizo hombre para que tuviera lugar este encuentro de su voluntad humana con la del Padre. Se hizo hombre para que este encuentro fuera lleno de verdad acerca de la voluntad humana y acerca del corazón humano, este corazón que quiere eliminar el mal, el sufrimiento, el juicio, la flagelación, la cruz y la muerte. Se hizo hombre para que sobre el fondo de esta verdad acerca de la voluntad humana y el corazón humano aparezca toda la grandeza del amor que se expresa en el don de si y del sacrificio: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.” (Jn 3,16) Cuando Cristo ora, el amor eterno se confirma por la entrega de un corazón humano. Y se confirma: el Hijo no rehúsa a hacer de su corazón un altar, el lugar de la elevación, antes de entregarse en la cruz.
La oración es, pues, el encuentro de la voluntad humana con la de Dios. Su fruto privilegiado es la obediencia del Hijo frente al Padre: “Padre, que no se haga mi voluntad sino la tuya.” (cf Lc 22,42) Sin embargo, la obediencia no significa en primer lugar la renuncia a la propia voluntad, sino una apertura real de la mirada espiritual, del oído espiritual hacia el amor que es Dios mismo. Con este amor (cf 1Jn 4,16) amó Dios al mundo hasta entregarle su Hijo único. He aquí al hombre, he aquí a Cristo, el Hijo de Dios. Después de su oración, Jesús se levanta, confortado por esta obediencia por la que se ha unido a este amor, el amor que es el don del Padre al mundo y a la humanidad.
— Cardenal Karol Wojtyla (San Juan Pablo II) Retiro del Vaticano predicado en la Cuaresma de l976, nº 17
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org