Calendario litúrgico
domingo, 2 de noviembre de 2025
Los Fieles Difuntos Ciclo C · Año I
Santo del día: San Victorino de Pettau
Primera lectura
Libro de la Sabiduría 3,1-9.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento.
A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia
y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción; pero ellos están en paz.
A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.
Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios, porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él.
Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto.
Por eso brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas por los rastrojos.
Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre.
Los que confían en él comprenderán la verdad y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor. Porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.
Salmo responsorial
Salmo 27(26),1.4.7.8.9.13-14.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
“Busquen mi rostro”.
Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 6,3-9.
Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.
Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 25,31-46.
Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.
Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.
Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.
Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.
Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.
Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".
Reflexión del día
« El amor es fuerte como la muerte » (Ct 8,6)
El amor con el que Dios nos ama, ha desatado con su fuerza los lazos con los que la muerte nos tenía prisionera. Desde entonces, ella no puede retener ni un instante a los que toca. Porque “Cristo ha resucitado, primicias de los que se han adormecido” (1 Cor 15,20). Con la palabra de su promesa y el misterio, ejemplo y testimonio de su propia resurrección, Cristo nos confirma en la certeza que resucitaremos.
La muerte, capaz de quitarnos el don de la vida, es fuerte. El amor, que puede entregarnos a una vida mejor, es fuerte. La muerte es fuerte: su potencia puede despojarnos de nuestro cuerpo. El amor es fuerte: tiene el poder de arrancar a la muerte su botín y devolvérnoslo. La muerte es fuerte, ningún hombre puede resistirle. El amor es fuerte, tanto que triunfa sobre la muerte, aplasta su aguijón, detiene su ambición, invierte su victoria. Ella es burlada cada vez que se le dice: “Muerte, ¿Dónde está tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? (1 Cor 15,55). “El amor es fuerte como la muerte” (Ct 8,6), ya que la muerte de la muerte es el amor de Cristo, como lo sugiere esta palabra “Muerte, seré tu muerte; abismo, seré tu pérdida” (cf. Os 13,14).
El amor con el que amamos a Cristo, es poderoso como la muerte. Porque es como una muerte: la extinción de la vida antigua, la abolición de los vicios, el abandono de las obras de la muerte. Este amor que tenemos por Cristo es como una respuesta al que nos lo trae, y aunque no sea igual, es a su imagen. Cristo nos ha amado primero y el ejemplo del amor que nos ha dado, es nuestro modelo y nuestro sello. Nosotros, tenemos que aceptar la impronta de su imagen, depositando la máscara terrestre y revistiendo la figura celestial. Amando a Cristo cómo él nos ha amado.
— Balduino de Ford (¿-c. 1190) Tratado 10 (PL 204. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1972), trad. sc©evangelizo.org
Fuente: Evangelizo.org