Calendario litúrgico
viernes, 10 de octubre de 2025
Viernes de la 27a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año I
Santo del día: San Daniel Comboni
Primera lectura
Libro de Joel 1,13-15.2,1-2.
¡Vístanse de duelo y laméntense, sacerdotes! ¡Giman, servidores del altar! ¡Vengan, pasen la noche vestidos de penitencia, ministros de mi Dios! Porque se ha privado a la Casa de su Dios de ofrenda y libación.
Prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, congreguen a los ancianos y a todos los habitantes del país, en la Casa del Señor, su Dios, y clamen al Señor.
¡Ah, que Día! Porque está cerca el Día del Señor, y viene del Devastador como una devastación.
¡Toquen la trompeta en Sión, hagan sonar la alarma en mi Montaña santa! ¡Tiemblen todos los habitantes del país, porque llega el Día del Señor, porque está cerca!
¡Día de tinieblas y oscuridad, día nublado y de sombríos nubarrones! Como la aurora que se extiende sobre las montañas, avanza un pueblo numeroso y fuerte como no lo hubo jamás, ni lo habrá después de él, hasta en las generaciones más lejanas.
Salmo responsorial
Salmo 9(9A),2-3.6.16.8-9.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón
y proclamaré todas tus maravillas.
Quiero alegrarme y regocijarme en ti,
y cantar himnos a tu Nombre, Altísimo.
Escarmentaste a las naciones,
destruiste a los impíos
y borraste sus nombres para siempre;
Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron,
su pie quedó atrapado en la red que ocultaron.
Pero el Señor reina eternamente
y establece su trono para el juicio:
él gobierna al mundo con justicia
y juzga con rectitud a las naciones.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 11,15-26.
Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'.
Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.
Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".
Reflexión del día
El hombre fuerte y bien armado por Dios
Queridísimo hijo: vemos que Dios ha armado al hombre con un arma tan sólida, que ni el demonio ni las criaturas pueden herirlo. Es a causa de la libre voluntad del hombre que Dios dijo “Los he creado sin ustedes, pero no los salvaré sin ustedes”.
Dios desea que utilicemos las armas que nos ha dado y que resistamos a los golpes de nuestros enemigos. Tenemos tres enemigos principales: el mundo, la carne, el demonio. Pero no tengamos miedo, la divina Providencia nos ha armado tan bien que nada debemos temer. La armadura es buena y el que nos socorre es mejor todavía. Nada puede resistir a Dios y mientras el alma contemple a ese suave y poderoso auxilio, ella no puede caer en ninguna debilidad. Tal como el ardiente san Pablo dice “Puedo todo en Jesús crucificado, que está en mí y me fortifica” (cf. Flp 4,13).
Cuando Pablo sentía ataques del enemigo y experimentaba tener una espina en la carne, no se afianzaba en sí mismo, débil, sino en Cristo Jesús. Al darle la libertad, Dios le había dado una buena armadura. Escribió “Puedo todo en Cristo. Ni el demonio ni las criaturas pueden forzarme a un pecado mortal, si yo no lo quiero. Si el hombre no se despoja de sus armas para ponerlas en manos del demonio por consentimiento de la voluntad, no será jamás vencido. Aunque el demonio, la carne y el mundo le tiren flechas envenenadas (…).
Mi queridísimo hijo en Cristo Jesús, por eso quiero que no tema nada de lo que experimenta.
— Santa Catalina de Siena (1347-1380) Carta 66 a Pedro, Marquéz de Mont (Lettres,Téqui,I, 1976), trad. sc©evangelizo.org
Fuente: Evangelizo.org