Calendario litúrgico
jueves, 4 de julio de 2024
Jueves de la 13a semana del Tiempo Ordinario Ciclo B · Año II
Santo del día: San Pier Giorgio Frassati
Primera lectura
Libro de Amós 7,10-17.
Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboám, rey de Israel: "Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; el país ya no puede tolerar todas sus palabras.
Porque él anda diciendo: 'Jeroboám morirá por la espada e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".
Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí.
Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino".
Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros;
pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'.
Y Ahora, escucha la palabra del Señor. Tu dices: 'No profetices contra Israel, no vaticines contra la casa de Isaac'.
Por eso, dice el Señor: 'Tu mujer se prostituirá en plena ciudad, tus hijos y tus hijas caerán bajo la espada; tu suelo será repartido con la cuerda, tú mismo morirás en tierra impura e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".
Salmo responsorial
Salmo 19(18),8.9.10.11.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 9,1-8.
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad.
Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados".
Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema".
Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal?
¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.
Reflexión del día
«¿Por qué pensáis eso?»
Los escribas dijeron: «¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?» ¿Cuál es la respuesta del Salvador? ¿Desaprobó semejante lenguaje? Si él no hubiera sido Dios hubiera podido decir: «¿Por qué me atribuís semejante pretensión?»... Pero no dijo nada semejante; por el contrario, confirmó la declaración de sus enemigos. Dar testimonio de uno mismo es sospechoso; es mejor que la verdad sea apoyada por otros, y no solamente por amigos suyos, sino todavía mejor por sus enemigos... Nuestro Maestro había demostrado su poder a través de sus amigos cuando dijo al leproso: «¡Quiero, queda limpio!» (Mc 1,41) y al centurión: «Jamás he encontrado tanta fe en Israel» (Mt 8,10). Ahora hace que sean testimonios suyos sus enemigos...
Mas, todavía hay aquí otro testimonio de la divinidad de Jesucristo, por el hecho de ser él igual al Padre. Dios no tan sólo puede perdonar los pecados, sino que puede penetrar los pensamientos más secretos de los corazones. Por eso se dice aquí: «Dándose cuenta de lo que pensaban, Jesús les dijo: '¿Por qué pensáis eso en vuestros corazones?'». El profeta escribe: «Sólo tú conoces los corazones» (2Cr 6'30); «Dios sondea el corazón y las entrañas» (S l7,10)...; «El hombre ve la apariencia, pero Dios ve el corazón» (1Sa 16,7). Al mismo tiempo Cristo da una nueva prueba de su dulzura: «¿Por qué pensáis mal en vuestro corazón?»...
«¿Qué es más fácil: curar a un cuerpo enfermo o perdonar los pecados de un alma? El alma es algo de más valor; sus enfermedades son más difíciles de curar. Pero porque esta curación es invisible, haré ante vuestros ojos una curación visible, aunque menos importante»... Jesús hace levantar al paralítico y le manda que se vaya a su casa... Parece decirle: «Por lo que te ha sucedido, hubiera querido curar a estas personas que parece tiene buena salud pero que en realidad tienen enferma el alma. Puesto que no lo quieren, vete a tu casa; por lo menos allí tu curación dará sus frutos.»
— San Juan Crisóstomo (c. 345-407) Homilía sobre san Mateo, nº 29
Fuente: Evangelizo.org