Calendario litúrgico
miércoles, 8 de mayo de 2024
Nuestra Señora de Luján - Patrona de Argentina Ciclo B · Año II
Santo del día: San Amato Ronconi · Nuestra Señora de Luján · Beata Paul- Hélène Saint- Raymond
Primera lectura
Libro de Isaías 35,1-6a.10.
¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.
Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados: "¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!".
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;
entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa;
volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán.
Salmo responsorial
Evangelio según San Lucas 1,46-55.
María dijo entonces:
"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
Segunda lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,12-14.2,1-4.
Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado.
Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.
Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Evangelio
Evangelio según San Juan 19,25-27.
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Reflexión del día
El Espíritu conduce nuestros pasos
La potencia divina contiene la integridad de la santidad. Ella conforta el espíritu interior del hombre que se une a Dios. Hace gustar los dones místicos del Espíritu Santo al que está a punto de sombrear en la somnolencia. El hombre se arranca a esta somnolencia, se despierta y tiende con todas sus fuerzas hacia la justicia. Frecuentemente, esta operación es un combate penoso para el espíritu ya que el cuerpo es poco capaz de hacer el bien, mismo si está llamado a la obediencia a la voluntad divina. Muchas veces, esta carne que es su morada cede a los deseos de la carne y la exhalación de los dones de Dios choca con la resistencia de la voluntad humana.
Dios que me ha creado, que es Señor y que tiene todo poder sobre mí, es mi fuerza. Sin él, soy incapaz de realizar cualquier bien, ya que es él que me comunica el Espíritu de vida, manantial de mi propia vida y del movimiento que me anima. Es él, Dios y Señor, cuando lo invoco realmente como un ciervo que desea el agua viva, que me orienta en los caminos que emprendo y conduce mis pasos en sus mandamientos. Me conducirá hacia las cimas que me enseñen sus preceptos y someterá mis deseos mundanos con su fuerza victoriosa. Así, en la bienaventuranza celeste, cantaré eternamente su alabanza.
— Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) Scivias, El Libro de las Obras Divinas, 6 (en “Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org
Fuente: Evangelizo.org